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Meditación en un dolmen cerca de Barcelona: una experiencia ancestral de conexión y conciencia


En julio de 2025 decidí comenzar a visitar dólmenes como lugares de meditación, especialmente en los alrededores de Barcelona. En aquel momento estaba leyendo el libro Anastasia de Vladimir Megre, justo en un capítulo donde se explicaba que los dólmenes fueron los precursores de las pirámides y que, por su antigüedad, conservan una energía incluso más potente.

Según esta visión, los dólmenes no eran únicamente espacios funerarios. En ellos pasaban sus últimos días personas sabias y destacables de la tribu, no por posición social sino por mérito, retirándose en una especie de meditación consciente antes de morir, para dejar su sabiduría impregnada en el lugar y accesible a quienes lo visitaran después.


Pirámides, dólmenes y energía sagrada de la Tierra

Ya había visitado anteriormente numerosos lugares energéticos y estructuras antiguas:las pirámides de Tikal (Guatemala, 2018), Ek Balam (México, 2023), las de Tenerife (2024) y las de Giza y Saqqara (Egipto, 2025). Sabía por experiencia que estos espacios poseen una energía sagrada especial, una fuerte carga electromagnética y un aura de profundo misticismo.

Siempre los he percibido como conectores entre la Tierra y el Cielo, auténticos amplificadores de energía, como una espiral por la que es más fácil alinearse con el campo electromagnético del planeta.

Por eso, al leer que los dólmenes —mucho más antiguos— podían tener una energía aún más pura, y al darme cuenta de que había tenido tantos cerca toda mi vida (viniendo de Galicia), sentí que era momento de dejar de viajar lejos para conectar y empezar a hacerlo en lo cercano.


Primer encuentro con un dolmen en Barcelona

Busqué dólmenes en Google Maps y descubrí que había muchos más de los que imaginaba, no solo en Cataluña, sino en toda España, desde Andalucía hasta Galicia, y también por toda Europa, incluso Rusia. Me surgieron muchas preguntas:¿Quiénes eran realmente los celtas?¿Cómo pudo ser un pueblo tan extendido y tan poco profundizado en la historia que estudiamos?

Elegí uno de los dólmenes más cercanos a mí, en lo alto de una montaña. Tras conducir y caminar un rato, me senté a meditar dentro del dolmen.

De forma inmediata entré en un estado de trance profundo. Perdí la conciencia corporal, no había pensamientos, no había tiempo. Me quedé completamente inmersa en la potencia energética de las piedras, intactas, sin haber sido movidas ni “maquilladas” como ocurre en otros enclaves antiguos.

La energía era muy fuerte y profundamente enraizadora. Permanecí allí sin saber cuánto tiempo, hasta que me di cuenta de que estaba atardeciendo y debía marcharme.


Volver de noche: permanecer en la energía del dolmen

Decidí regresar otro día y quedarme más tiempo, incluso si caía la noche. Aquella vez, mi campo vibracional ya estaba acostumbrado a la frecuencia del lugar. No perdí conciencia ni energía; simplemente estaba tranquila, envuelta en una manta, disfrutando de una profunda calma.

Hasta que, alrededor de las 00:30, escuché un gruñido de lobo a escasos metros del dolmen.

Mi cuerpo reaccionó con un miedo visceral. El corazón comenzó a galopar. Pero, al mismo tiempo, algo más profundo en mí —mi yo superior, mi práctica espiritual— tomó el control. Empecé a repetir internamente:“Yo soy amor, te envío amor.”


El lobo, el miedo ancestral y la comprensión profunda

En ese instante comprendí, desde el cuerpo y no desde la mente, el origen del miedo ancestral al lobo. Entendí a los antiguos humanos que vivían en cabañas frágiles, entendí la violencia nacida del miedo, entendí incluso a quienes hoy siguen cargando ese miedo genético.

También comprendí algo más:yo estaba en su casa.

Así como a nadie le gustaría encontrarse a un desconocido en su baño en mitad de la noche, eso era yo para él. La montaña era su hogar. Esa comprensión fue totalmente vibracional y corporal, no intelectual.

No sentí que fuera un gruñido de ataque, sino una pregunta clara:“¿Qué haces aquí?”

Mientras enviaba amor, sentí que le transmitía:no voy a hacerte daño, no te atacaré, solo estoy aquí, en paz.

El lobo se marchó.


Acompañamiento espiritual: Babaji y la Virgen María

Escuché entonces una voz muy clara que decía:“Ella no está preparada.”

No supe quién lo dijo ni a qué se refería. Justo después, Babaji apareció acompañándome: primero a mi derecha, luego dentro de mí, como una luz abrasadora y amorosa que me hizo sentir completamente segura.

Cuando el lobo se fue, Babaji me dijo:“Ahora puedes dormir, no volverá.”

Yo no pude dormir. Me quedé despierta recordando a todas las personas importantes de mi vida, comprendiendo el valor del amor y de las relaciones humanas cuando todo lo demás desaparece.

Más tarde, al sentarme a meditar, se presentó la Virgen María, con una dulzura inmensa:“Mi niña, claro que no te puedes quedar aquí. Te voy a sacar, vas a bajar y a dormir en tu cama.”

Sentí un repaso milimétrico de toda mi vida, en una fracción de segundo.


Descenso nocturno y apertura de la percepción

Con Babaji en mí y la Virgen a mi lado, descendí los 1,4 km de montaña hasta el coche, alrededor de la 1:30 de la madrugada, bajo la luna llena. Mi miedo ya se había disipado.

Realicé de forma espontánea un mudra con la mano derecha, que sentí como una canalización de amor y paz, abriendo camino energéticamente. Incluso cuando escuché un lobo correr cerca, la energía fue clara:aquí no tienes nada que hacer, y cada uno siguió su camino.

Pude ver kilómetros de montañas bañadas por la luz lunar, envueltas en el amor inmenso de Babaji, como si su energía se extendiera por toda la región a través de mí.

Llegué al coche con los sentidos muy agudizados, con una percepción expandida. Incluso al hablar después con amigas, sentía que las veía más allá de lo habitual, como si la conciencia de Babaji aún mirara a través de mis ojos.

Llegué a casa y dormí a las 2:30.

 
 
 

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